viernes, 3 de junio de 2011

Ni princesa, ni puta


    Esta historia comienza  en el albergue ¨ esperanza ” situado en las afueras de la Cd. de México. Este era un sitio grande, amplio, con enormes jardines, una fuente en el centro, juegos, un lugar en donde todo niño era feliz.  En el habitaban dos niñas llamadas Ximena y Romina.

Ellas eran niñas privilegiadas ya que contaban con grandes ilusiones. Ximena una niña risueña, inteligente, piel blanca, ojos claros, cabello café. Por otro lado Romina una niña dispuesta a lograr sus metas, sociable, extrovertida, piel blanca, cabello obscuro y con una mirada profunda. Ellas tenían algo en común: sus sueños. Querían tener una familia, ambas eran ambiciosas de una mejor vida costara lo que costara.  

El día llegó, uno de los sueños de Ximena y Romina finalmente si hizo realidad: les habían otorgado a cada una de ellas, una familia. Al principio estaban tristes ya que se iban a separar, pero era tanta su felicidad que lo asumieron por completo.

Lo que no sabían es que les esperaba un destino completamente distinto a lo que imaginaron. Romina fue adoptada por una familia de bajos recursos, despreocupados por salir adelante y desinteresados en ella. Una pareja alegre, divertida, irresponsables, con pocos modales, estaban hechos el uno para el otro.

Romina creció llena de carencias las cuales no estaba dispuesta a seguir soportando.

Con el paso del tiempo se había convertido en una mujer dispuesta a darle placer a quien le diera a cambio lo que ella tanto anhelaba “el dinero”. Era alta, labios carnosos. Llena de curvas provocadoras, cabello color bronce, corto y sedoso.  Una mujer que sin lugar a dudas causaba locura.

Por lo que al cumplir 20 años comenzó a trabajar en un prostíbulo llamado “0 grados”. Este era un lugar decadente y vacío por el día, pero por las noches se vivían grandes experiencias, caricias y lujurias.

Del otro lado del mundo, en Londres, Inglaterra, se encontraba Ximena. Ella había crecido en una familia de clase media, llena de amor. Sin embargo cuando cumplió 18 años sus padres fallecieron en un accidente aéreo. Ximena sufrió mucho pero toda la tristeza que sentía, la guardó muy dentro de ella y se prometió así misma triunfar y lograr el sueño que desde pequeña había tenido: “ser millonaria”.

Un día Ximena conoció a Israel. Él era un chico apuesto de 20 años de edad. Atractivo, alto, inteligente, divertido y con una cualidad que para Ximena lo hacia ser el hombre perfecto, Israel era el príncipe de Inglaterra.

El quedo impactado con la belleza de Ximena, ella se había transformado en una mujer preciosa, rostro angelical. Alta, complexión delgada, cabello obscuro, ojos claros como el agua, facciones finas. Pero sobre todo una chica sensacional e inteligente.

Al poco tiempo de ser novios Ximena e Israel contrajeron matrimonio. Había sido la boda del año, el Palacio de Buckingham se vistió de gala para el gran evento.

Ximena ya no era una chica común y corriente, como siempre se había catalogado. Se había convertido en la “princesa Ximena.” Pero aunque contaba con todos los lujos, ropa, joyas, propiedades, entre muchas otras grandes riquezas, no era feliz.

Su vida se había convertido en una vida vacía, en donde sus opiniones no contaban, en donde tenía un protocolo al cual seguir día a día. Claramente no era lo que siempre imaginó, el dinero no le dió la felicidad necesaria para vivir y gozar de este mundo.



Un día la princesa decidió volver a su lugar de origen: México. Un país lleno de cultura, infinidad de tradiciones, paisajes y con una calidez humana indiscutible.  Al principio el príncipe Israel no le parecía la idea de que se fuera sola pero finalmente lo aceptó. 



Al llegar a México lo primero que hizo fue ir al albergue en donde creció. Estando ahí recordó muchas de sus aventuras con Romina por lo que investigó acerca de su paradero y fue a visitarla.

Habían pasado muchos años por lo que posiblemente estas dos chicas podrían no reconocerse. Al llegar a la humilde casa, la princesa se puso sumamente nerviosa por el reencuentro. Tocó el timbre y pregunto por Romina. Al encontrarse, aunque había pasado tanto tiempo, algo extraño sucedió, ambas se reconocieron y la emoción con la que se abrazaron fue como cuando lo hacían siendo apenas unas niñas.

Ximena y Romina platicaron durante horas y cuando por fin se contaron todo lo que se tenían que contar se percataron de lo difícil que había sido la vida de ambas. Tanto la princesa como la puta se habían confundido y habían cometido errores en el camino por obtener sus sueños y aunque las dos lo habían logrado ellas eran infelices.

Por lo que decidieron comenzar una nueva vida se dieron una semana para renunciar a todo, era una complicada y atrevida decisión pero ellas consideraron que seria el verdadero camino a la felicidad.

Romina y Ximena se mudaron a Nueva York, eran un ejemplo de dos personas que vivían la vida al máximo. Finalmente se casaron y formaron la familia que tanto anhelaron…



1 comentario:

  1. Me gusta la historia y la manera en que lo escribes, incluyendo formato en las letras. El final es que ellas se casaron? son lesbianas? o cada quien por su lado en Nueva York? supongo que es lo segundo, pero si es el primero me recuerda a una película llamada a la habitación en Roma. :) me gusta, gracias! saludos!

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